jueves, 17 de junio de 2010

Conversaciones de cantina (actualmente)

– A ver, Profe, cuéntanos de cuando participabas en elecciones ¿Llegaste a creer que por ese medio alcanzarían el poder?
– Ese no es el punto. Deja que el Profe nos cuente sus aventuras electoreras.
– ¿Qué aventuras puede haber en depositar un voto en una urna?
– Pues no se crean, pero, aventuras, lo que se dice aventuras, claro que sí puede haber cuando se trata de elecciones.
– No seas cuentero, pinche Profe, ahora nos vas a salir con que fue aventura robarse veintitantos mil votos. Así como lo cuentas ni emoción tuvo.
– De a tiro se ve que tú solamente has depositado tu voto, si acaso, en asunto de elecciones. Durante las campañas pueden pasar muchas cosas que se pueden considerar aventuras y ...
– No seas cuento– lo interrumpe uno de los cinco que están en torno a esa mesa de lámina con un anuncio de cerveza Corona por cubierta– cuéntanos mejor alguna de esas anécdotas que alegremente llamas aventura.
– Ya te quisiera ver corriendo perseguido por tres o cuatro chavos banda, con una cubeta de engrudo en una mano y la brocha y un paquete de propaganda en la otra. El Átomo y yo apenas llegamos a la carcacha en la íbamos, menos mal que el Chino estaba listo en el volante...
– Ahora viejo ya no puedo correr ¿Cuántos años tenías entonces? – vuelve a interrumpirlo, con una cerveza en la mano, el mismo contertulio.
– Fue en Saltillo. Pensándolo bien no era ni siquiera una campaña electoral. O no me acuerdo bien. Sería por 1976, porque a mí todavía no me mandaban a Monclova. El Átomo tendría como 22 o 23 años ¡Yo ya no estaba tan muchacho! El Chino andaría apenas pasando los veinticinco.
– Dijimos “aventuras electorales”. Y tú sales con que los persiguieron unos borrachos.
– Con jóvenes, en elecciones y con chavos banda– se anima el Profe– Sí les puedo contar cuando participé como jefe de brigada de apoyo en las elecciones de gobernador de Tlaxcala allá por el 82. El presidente nacional del partido me mandó con una camioneta Wagoner, dos o tres militantes experimentados, uno de ellos viejo, como de sesenta y tantos años y un grupo de chavos banda de Azcapotzalco, seis para ser exactos, entre los diez y seis y los veintidós años. Ellos iban en el carro viejo de uno de ellos. Dormíamos en los vehículos y de noche pretendían salir a madrear policías. Una noche quien los encabezaba, chavo sensato y además bien bragado, detuvo a los otros cinco a golpes, patadas y portazos del automóvil, con el argumento de “no sean pendejos, cómo va a quedar nuestra candidata si mañana los periódicos publican que seis borrachos que hacían campaña por tal candidata a gobernadora fueron detenidos por varias patrullas cuando se dedicaban al vandalismo”. Pero los “argumentos” que convencieron a sus cinco amigos fueron las patadas, los golpes que le dejaron al jefe los nudillos despellejados y los machucones que les dio a sus amigos con la portezuelas de la nave en que dormían. Me despertó el barullo y los gritos ahogados de la banda. Hice por bajar de la camioneta para calmarlos, pues supuse un pleito sin razón y el militante viejo del que les contaba me detuvo: “No bajes, porque te madrean, están muy enojados” me dijo y me sostuvo férreamente del brazo. Ya despabilado me di cuenta de lo que pasaba y al ver que el que los dirigía ya había ganado y “convencido” a sus huestes de no salir a golpear policías, volví a dormirme. En la mañana le pregunté inocentemente al jefe de los chavos que le había pasado en las manos y me dijo “nada, anoche me caí y me raspé con unas piedras”. Hice como que le creía y ahí acabó ese asunto, pero hay muchas cosas más que contar de esa campaña. Esos mismos muchachos pegaron carteles y pintaron paredes sin que se les pagara un centavo. Me mandaron con camioneta, pero sin dinero. Boteamos para sobrevivir durante los quince días que duró nuestro apoyo. Los chavos boteaban en las cantinas aterrorizando a los borrachines y en una tienda de un pueblo hicieron “cooperar” al dueño con todo una pieza de queso de unos cinco kilos, como lo habían hecho muchas veces en sus colonias defeñas en plan de mafiosos. No sé si fueron buenas o malas esas requisas, pero eso nos permitió apoyar una campaña electoral y sobrevivir luchado por algo en lo que estábamos convencidos: hacer crecer a nuestro partido, un partido del pueblo que se sostenía por sí mismo.
– Pero participar en las elecciones fue lo que nos jodió.
– Esa discusión ya la hemos tenido muchas veces y no es para una cantina. Mejor digamos ¡salud!– dijo el mismo que ya había interrumpido la conversación dos veces antes.

3 comentarios:

  1. Anónimo17/6/10 6:49

    'boteaban' 'chavos' 'chavos banda' 'defeñas' 'carcacha' 'madrear' 'machucones'. Para una comprensión exacta del texto tendría que saber exactamente que significan esas palabras.
    Por lo demás está clara la 'aventura' electoral. Y muy importante lo de si hay que participar o no.

    Fdo: Senocri, el Africano

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  2. mi favorita es la de robarse los veintitantos mil votos. por otro lado, ya es bastante aventura lanzarse asi, con una camioneta que me imagino era bastante carcachienta y sin un peso. cuando era niña/adolescente pensaba que eso era lo más normal pero ahora que soy adulta (y, en el supuesto del principito, ya no entiendo nada) me parecen aventuras como para impresionar a cualquiera.

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  3. Boteaban: Del verbo "botear", salir a la calle con un bote a pedir ayuda económica popular para sostener una lucha. Se hace, por ejemplo, en las colectas de la Cruz Roja o en las huelgas para sostenerse durante la misma, porque normalmente los fondos de huelga se los roban los líderes corruptos (charros, decimos acá).
    Chavos: jóvenes, muchachos. Chavos banda, muchachos de barriadas populares que en banda, es decir en grupo, en pandilla, se dedican a divertirse en forma ostentosa y a veces violenta. Para la pequeña burguesía los "chavos banda" son el mismísimo demonio.
    Defeño, a, os, as: habitante o que se encuentra en del Distrito Federal, entidad de la República Mexicana donde se asientan los poderes federales. Ciudad de México.
    Carcacha: automóvil viejo y destartalado, es decir en mal estado mecánico y de hojalatería o carrocería despintada, golpeada.
    Madrear: golpear, propinar muchas hostias, creo que dirán allá en España, pero golpear con fuerza y abundancia, haciendo mucho daño.
    Machucones: de "machucar", aplastar. Cuando un automóvil pasa sobe un peatón acá decimos que lo machucó. En el escrito los "machucones" son cuando una puerta del carro atrapa uno o varios dedos, manos, pies, cuando se cierra.

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