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jueves, 17 de diciembre de 2009

El camino hacia el grupo de los verdes II, Monclova Coahuila (julio o agosto de 1978)

La lista fantasma se está desbaratando en tus manos. Tanto has desdoblado, doblado, leído y consultado esa hoja de papel revolución. Estás cansado de no avanzar en la construcción de tu partido; sobre todo de no hacerlo entre el proletariado de Monclova. Para eso te comisionaron a esta ciudad eminentemente obrera.
Todavía vives en esa posada de mala muerte, pagando treinta pesos por noche que con dificultad obtienes vendiendo periódicos de tu partido. De algo más te ha servido venderlos. En la lista que se hace polvo tienes un nuevo nombre que tú mismo has escrito: Fernando Cublero. Aquellos obreros cuyo rostro y nombres ya olvidaste te hablaron mucho de él. Se hace presente en toda lucha obrera o sindical y hasta en las luchas populares como la que el propio grupo de los blancos encabezó para detener el alza en las tarifas del trasporte urbano. No te dieron direcciones o teléfonos para localizarlo, pero te aseguraron que, si preguntas, cualquiera te puede ayudar a dar con él.
Qué bueno que te decidiste y empezaste a preguntar, aunque fuera en el local de los azules, charros como los que más. Efectivamente ellos también lo conocían y te concertaron una cita con Fernando en el restaurante del mejor hotel de la ciudad, por cierto nada del otro mundo.
Le hablaste de tu partido y mostró mucho interés. No entendemos cómo no te das cuenta que te quiere sacar la mayor cantidad de información posible. Claro está que sabe bien, o supone, que para lograrlo debe darte algo y así te ha empezado a contar cómo fue que el grupo blanco llegó al poder. Afirma tener información de primera mano totalmente respaldada en documentos originales. Desde hace años te han interesado los movimientos obreros, tú mismo has querido ser obrero, así es que también le respondes a Fernando mostrando un auténtico interés por todo lo que te va contando.
Ahora vemos claro y entendemos como nació esa relación a través de la cual conociste mucho de las luchas proletarias de ese centro obrero tan especial en todo México. Cuando años después estuviste en Villahermosa, Tabasco, tratando de construir tu partido entre los petroleros, notaste que ni siquiera en ese estado sureño había una conciencia sindical generalizada como en Monclova, a pesar de la fama y el real movimiento obrero de petroleros que existía en ese estado.
Nos urge que nos cuentes más sobre ese tema y no sobre una mesa que te servía de cama en una excantina que poco le faltaba para que se derrumbara.

jueves, 8 de octubre de 2009

Monclova, Coahuila IV, (junio de 1978)

Hace dos meses llegaste a Monclova con no más de ciento cincuenta pesos en la bolsa y un paquete de periódicos del partido en que militas.
Traes una orden no escrita: debes construir el partido en esa ciudad eminentemente obrera.
Nada tienes más, según dices.
No mientas. También tienes una lisa valiosa de contactos: nombres de diversos luchadores sociales. Alguien conoció a los dueños de esos nombres. Son hombres y mujeres que participan o dirigen luchas populares. Cuatro o cinco son maestros, seis son mujeres, en total diez y siete seguros futuros militantes de tu partido. No sabemos cómo se elaboró la lista, pero te será un instrumento muy útil. Tú tienes que buscar a esos elementos: viven en tal dirección; participan en la lucha de tal colonia popular; trabajan en tal escuela o son activistas sindicales.
Sabemos que en dos meses los nombres escritos en esa hoja ya te han servido. Contactaste al tal grupo de "los verdes". Localizaste a Luis Zapata; ya nos contarás cómo diste con él. No te quejes. Vienes de Nuevo León, donde costruíste tu partido exitosamente en ejidos, con solicitantes de tierras y con talladores de ixtle. Sabes de luchas agrarias. Ahora date a la tarea de contactar campesinos, que también debe haberlos aunque los alrededores de Monclova sean semidesérticos.
¡Y no andes llorando como niño desamparado!

La lista fantasma. Monclova, Coahuila V (junio de 1978)

Sí, sí, ¡claro! Ustedes me dicen que esa lista me da todo hecho: "Diez y siete extraordinarios luchadores sociales". "Uniendo las luchas del pueblo podrás hacer el partido".
Pero todos los nombres que traigo en esa hoja de papel revolución escrita a mano pertenecen a fantasmas: espíritus burlones, ectoplasmas chaqueteros, mujeres inexistentes de belleza fantasmal.
Por ejemplo, tres de los maestros de la lista: ninguno trabaja en la escuela donde debería laborar según dice este papel. A uno de ellos ni siquiera lo conocen. Los otros dos no dan clase ni asisten a las aulas, porque son "comisionados sindicales". Fui al SNTE, aunque sea priísta. Pregunté por los tres y sólo recibí sonrisas despectivas. Ni por el local sindical se dan la vuelta los "grandes luchadores sociales". Alguien a mis espaldas murmuró "pinches aviadores" ¿Para qué buscarlos más?
De las seis mujeres de la lista tampoco he encontrado a ninguna. Seguramente sus nombres, si son reales, pertenencen a mujeres atractivas con las que mis compañeros de partido estuvieron coqueteando con pretexto de luchas populares. Dos de ellas tienen números de teléfono inexistentes: se los dieron gentilmente a quienes las acosaban con pretextos izquierdistas. Otras dos no viven ni son conocidas en las direcciones que proporcionaron. La tienda donde trabaja la quinta no he podido localizarla. La sexta, también maestra, no he tenido tiempo de buscarla; tal vez no sea fantasma como los ocho que ya se esfumaron.
Al grupo de "los verdes" lo contacté gracias a los periódicos del partido; ninguno de ellos estaba en la lista. Los diez y siete nombres no sólo se están borrando en una hoja de papel largamente manoseada. Sus dueños se diluyen en la nada volviendo a la lista cada vez más fantasmal.
Sólo Luis Zapata se ha materializado. Según la lista es dirigente de una colonia popular. Eso resultó otra mentira: es obrero de primera generación. Su padre y su hermano mayor son ejidatarios con fuerte tradición de lucha agraria. Como tercer hijo de ejidatario sabe que no será quien herede ni terrenos ni derechos ejidales y tampoco alcanzó lugar en el nuevo centro de población "La Esperanza" que conquistó su hermano, por eso buscó y consiguió trabajo en Altos Hornos. Lo localicé hace apenas unos cuantos días. Me voy a dormir. Ya me estoy cansando de perseguir fantasmas durante las cinco o seis semanas que ando por aquí.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Monclova, Coahuila III, (mayo de 1978)

La cantina está llena de gente. Los ventiladores del techo sólo remueven, sin refrescar, el aire denso y caliente. La humedad parece que brota de los cuerpos sanos y fuertes de la clientela compuesta exclusivamente por varones.
Con gusto me tomaría dos o tres cervezas más, pero es mejor que cuide el dinero.
Me levanto. Tomo el paquete de periódicos. El sudor no sólo moja mi camisa, también humedece las hojas, que se adhieren a mis manos. Mis dedos se manchan con la tinta remojada.
Aún así ofrezco el periódico a los tres obreros que están en la mesa vecina. Lo hago ya sin tanto miedo. No me sorprende que me compren dos, aunque estén sudados.
Digo obreros porque ahora estoy seguro que la mayoría lo son. Además sus ropas los delatan; todas son grisáceas, como percudidas, aunque algunas se notan recién lavadas. Las otras ¡puf!
La cantina es chica, unas seis o siete mesas. Camino unos pocos pasos y al salir ya vendí unos diez periódicos. A tres pesos cada uno. Ya tengo los treinta pesos para pagar la posada esta noche.
Todavía no entiendo por qué me compran aquí tantos periódicos. Antier en la noche, al llegar a Monclova vendí treinta y ocho en un ratito. "Es primero de mayo" pensé. Pero ayer vendí casi los mismos y seguramente, aunque sea de noche, hoy termino de vender los cien que traje de Saltillo.
En eso me ha ido bien, pero de la lista que traigo no he encontrado a nadie. Mientras no me pase lo que cuenta Pedro Ruiz de aquel pueblo de Michoacán. Pero ahorita hay que talonearle; ya habrá tiempo para contar anécdotas.