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jueves, 16 de septiembre de 2010

Final de una historia que había quedado trunca, V

A fin de cuentas decidimos preguntarle a Teódulo Piedra, quien en su vida ocupó varios puestos en diferentes comisariados de bienes comunales del Mezquite, en qué terminó la invasión de tierras que hemos narrado en las anteriores cuatro o cinco publicaciones. Esto es lo que nos dijo:
“Bueno, esa vez el Mezquite alcanzó varios triunfos. Todos sabíamos que no podíamos ceder y nos negamos a salir de los terrenos afirmando que solamente los dejaríamos hasta que la negociación terminara con la firma del propio gobernador de Hidalgo. Los habitantes del Mezquite también sabíamos que no debíamos pelear con armas contra los ñahñúhs de Xagahó, por más que fueran del PRI; al fin de cuentas eran campesinos jodidos, como nosotros. Fuimos los del Mezquite los que propusimos un arreglo, que sufrió muchas modificaciones durante las pláticas entre nosotros, los de Xagahó y gobierno. Finalmente se firmó el siguiente acuerdo: nosotros cederíamos la mitad de las 473 hectáreas al ejido de Xagahó. La delegación agraria prepararía el expediente de ampliación por 237 hectáreas al ejido de Xagahó y de dotación de otras 236 para el nuevo ejido del Mezquite, cuyos beneficiarios serían nuestros hijos sin tierras y con “sus derechos a salvo”. La resolución estatal firmada por el gobernador se publicó muy aprisa, tanta que nunca lo creímos antes de que sucediera. Se ejecutó también luego luego. Los comuneros y los nuevos ejidatarios del Mezquite, por ceder la mitad de las hectáreas que teníamos en posesión pública y pacífica desde hacía cinco años, pedimos a cambio obras de riego para beneficio de los terrenos comunales. Sabíamos que el delegado de Recursos Hidráulicos en el estado quería hacer esa ampliación desde hacía tiempo, pero nunca le habían asignado presupuesto. La propuesta de “cambiar” 237 hectáreas por mil ochocientas hectáreas con nuevo riego se aprobó así también rápidamente. Esos nuevos canales llevaron las aguas negras del Distrito Federal a nuestros bienes comunales y a muchas otras hectáreas vecinas en un poco menos de dos años. Por último, y fue la parte de la negociación que más nos costó, haciendo “la llorona” también obtuvimos al acuerdo de que se pavimentarían los tres kilómetros de brecha que unen nuestra comunidad con la carretera Ixmiquilpan-Cardonal. Esta obra tardó más de dos años en realizarse, pero también la conseguimos tras perseguir tercamente su realización. El Mezquite obtuvo otro triunfo no material, pero muy valioso para nosotros: los ejidatarios de Xagahó, tas haber visto durante todas las negociaciones el apoyo decidido que nos dio nuestro partido y comparar con el apoyo que el PRI y la CNC les negaron, abandonaron su militancia oficialista. Al principio solamente los dirigentes y poco a poco la gran mayoría de ejidatarios y sus familias se fuero afiliando a nuestro partido socialista, aunque yo no sé hasta qué punto hicieron suyos los principios ideológicos del partido que a nosotros nos enseñó tanto.”

jueves, 2 de septiembre de 2010

Historias trucadas, IV. En una importante oficina gubernamental.

– Licenciado Nolasco: haga la recapitulación de la situación para que todos la tengamos clara. Necesitamos todos los datos. Digo todos, los conocidos y hasta los desconocidos. Sea breve. Aunque el señor gobernador nos dijo que esto es prioritario el día de hoy, y lo es, tengo muchos otros asuntos que atender. Adelante, licenciado.
Quien habla es el Secretario General de Gobierno, segundo al mando en el estado. Se encuentra reunido con nueve personas más en el salón de juntas del palacio de gobierno del estado de Hidalgo. Varios auxiliares, de pie tras los altos funcionaros sentados a la mesa, atienden con seriedad y eficiencia los requerimientos de sus jefes.
Nolasco toma las hojas escritas a máquina que desde el principio de la reunión están frente a él y las lee fuerte y claro:
– Hace tres días, el miércoles 25 del presente, a las 5:12 de la tarde nos avisaron que en el Valle del Mezquital los ejidatarios de Xagahó invadirían 476 hectáreas de tierras de labor, al amanecer del jueves 26. La invasión la preparaban desde semanas atrás, según ya habíamos informado. En sus lugares tienen un anexo con los detalles del plan que preparaban ...
– Ahorre comentarios inútiles. Sea breve pero muy exacto – interrumpe el Secretario General de Gobierno.
–Los ejidatrios de Xagahó son priístas y de la CNC(1), pero ni el partido ni la central campesina han alentado la invasión, antes bien, han intentado detenerla. El señor gobernador ha dicho que está dispuesto a asistir personalmente a cualquier invasión agraria para sacar a los infractores. El mismo día 25, a las 11:40 de la noche, los comuneros del Mezquite tomaron las tierra. Más de 200 campesinos del Mezquite, apoyados por sus mujeres e hijos entraron ordenadamente hasta la mitad del terreno. Vigilantes de Xagahó, que desde hacía horas estaban en el predio, cruzaron balazos con los del Mezquite. Ambos bandos dispararon pero no tenemos indicios de que haya heridos de bala. Los comuneros del Mezquite son del nuevo partido socialista, pero nuestros informes dicen que ningún dirigente de tal partido, ni estatal ni nacional, intervino en la invasión. A las 4:28 del jueves 26 Xagahó colocó grupos numerosos de su gente, fuertemente armados, frente a la línea de hogueras que marcaban las posiciones de los comuneros del Mezquite a la mitad de las 476 hectáreas que hoy están en disputa. Hasta este momento los dos grupos se mantienen es sus puestos; siguen armados; hay mucha tensión y el peligro de un enfrentamiento a balazos no ha desaparecido. El señor gobernador afirmó que si no se evita un zafarrancho va a destituir a más de alguno. Que no quiere ...
– Esa es parte de la situación social en estos momentos – interumpe el Secretario General de Gobierno – ¿Se tiene contacto con los dirigentes de los invasores? ¿Están interviniendo representantes de los dos partidos enfrentados?
– Estamos presionando a las autoridades ejidales y comunales de Xagahó y del Mezquite para que salgan del terreno; no hemos avanzado; son muy tercos esos ñahñúhs. El PRI y la CNC ya se lavaron las manos; es más, han negado todo apoyo a Xagahó y los amenazan con expulsarlos del partido, aunque sabemos que no lo harán. En cambio ya intervinieron los dirigentes estatales del partido socialista; dan todo su apoyo al Mezquite, pero no se han negado al diálogo. Hoy en la tarde, aquí en la capital, habrá una reunión con todos los involucrados; el PRI no asistirá; el señor gobernador estará presente.
– Asistiremos todos nosotros. Los vamos a presionar fuertemente para que se salgan del predio, cada quien desde su terreno de acción – cierra el punto el Secretario General de Gobierno. – Señor Delegado de la Reforma Agraria ¿nos hace el favor de informarnos la situación legal de los terrenos invadidos?
El aludido, funcionario federal comisionado en el estado, no depende de las autoridades estatales, por eso es tratado con tanta deferencia; toma sus apuntes y dice:
– El predio invadido es de 476 hectáreas, 32 áreas y 14 centiáreas. Está bien delimitado por las mojoneras de los bienes comunales del Mezquite y del ejido de Xagahó y un camino o brecha muy utilizado por los vecinos, trocha que sirve de límite a unas pequeñas propiedades que ahí existen. El predio no está registrado a nombre de nadie. Podríamos reclamarlo como terrenos nacionales. Aunque no tiene buena infraestructura de riego, desde hace más de cinco años los comuneros del Mezquite se han ido metiendo a esas hectáreas poco a poco. Nos hemos informado que al inicio empezaron cultivando con el temporal y hábilmente lograron rodar el agua de los canales, sin pedir permiso a nadie; es el primer ciclo agrícola que cultivan todas las hectáreas con riego. No tenemos claro cómo consiguen el agua, pues necesitan estar en el padrón de usuarios. En este momento prácticamente las 476 hectáreas están sembradas de maíz. Estamos seguros que todo el trabajo lo ha hecho gente del Mezquite.
– Pero si invadieron ¿por qué ustedes no habían intervenido?
– Con todo respeto, señor Secretario, los del Mezquite empezaron a cultivar el terreno poco a poco, en paz y a la luz pública; nadie reclamó, nadie dijo nada. El terreno estaba abandonado y agreste: tierra, piedras y cardones. Nosotros nos enteramos de los hechos hace un poco más de tres meses; apenas para investigar la situación y medir el predio con exactitud. Por cierto los del Mezquite no se negaron a que lo midiéramos; es más, ellos lo solicitaron, no sabemos con que fin. En cuanto al riego aquí está el Delegado Federal de Recursos Hidráulicos que nos puede informar.
– Lo del riego ahora es intrascendente – comenta el Secretario General de Gobierno – ¿Qué más hay de la situación legal?
– Poco que añadir: el terreno no tiene dueño conocido, sólo lo han cultivado los comuneros del Mezquite pero los de Xagahó alegan que ellos tienen los derechos de esos predios porque se han cultivado con el agua que a ellos les correspondía para regar su ejido. Siempre han sido muy alebrestados y como su ejido es grande y ha recibido muchos privilegios se sientes los consentidos de la región y piensan que tienen la protección total del gobierno. Por eso iban a invadir. La solución está en una negociación que beneficie a los dos ejidos ...
– Pero primero hay que sacar a toda la gente del terreno. Eso lo hacemos en hoy en la tarde. Nos vemos a las cinco en punto en este mismo salón.

(1) Priístas = del partido Revolucionario Institucional (PRI), partido oficialista y casi único por ese entonces. CNC = Confederación Nacional Campesina, central agraria oficialista, uno de los pilares sectoriales del PRI. (Nota del editor)

jueves, 26 de agosto de 2010

De cómo las historias trucadas se van completando, III

– ¿Qué hacemos si en verdad se enfrentan a balazos?
– Recuerda que las órdenes son que no entremos al terreno en disputa hasta que las cosas se clamen y que busquemos a las autoridades de ambos pueblos para llegar a un arreglo.
– Pues ya deberíamos entrar al terreno. Llegamos hace casi una hora y no ha pasado nada. Solamente esa línea de hogueras que siguen alimentando.
– Pero alcanzaste a oír el griterío ¿o no?
Quienes dialogan son el capitán Mendoza, jefe de la policía estatal y el licenciado Nolasco, comisionado especial de la Dirección de Gobernación del mismo estado. Platican sentados en un automóvil sin insignias estacionado entre los carros de la policía que hace casi una hora se colocaron en ese pequeño altozano. Los motores y los faros de las patrullas siguen prendidos. El amanecer ya no está lejos.
– Nos aseguraron que el enfrentamiento iba a estar cabrón – Nolasco toma una cajetilla de cigarros Dunhill, le ofrece uno a Mendoza que no acepta y enciende el suyo con un encendedor chapeado en oro.
– En una noche como ésta es difícil que se agarren a balazos; no se ve nada. Los del Mezquite se arriesgaron mucho al avanzar con antorchas. Podrían haberlos blanqueado.
– ¡Qué bueno que están tranquilos! A ver cuando haya luz que hacen.
***
Mientras Mendoza y Nolasco conversan, en uno de los extremos de la línea de hogueras un grupo de ñahñúhs que parecen ser autoridades platican en voz baja. A dos o tres metros del grupo se mueven otros indígenas a su alrededor. Algunos oyen de lejos la plática, sin disimulo. Aunque la noche es fresca el grupo está alejado de la hoguera, ocultos en la penumbra. Unos treinta pasos al sur dos o tres sombras alimentan el fuego pero lo mantienen bajo.
La charla es en ñahñúh. Uno de nosotros hace la traducción simultánea; no garantizamos que sea totalmente fiel.
– Alcanzamos a ganarles. Entramos al terreno antes que ellos.
– Nemesio nos informó bien. Y a tiempo.
– Seguro pensaban entrar ya de madrugada, con los tractores y todo. Se llevaban el maíz como rastrojo y nos dejaban sin nada.
– Y luego para sacarlos ¡pues nunca!
– Está bien, pero ahora qué hacemos, llegamos apenas un poquito más acá de la mitad del terreno.
– Pero lo tenemos ocupado a todo lo largo. Si con el día se quieren meter va a haber bronca.
– ¡No creo que se animen! Además ya llegó la policía. Pero si l’entran nos van a encontrar preparados ¡Más de cinco años cultivando el terreno y nos lo quieren quitar!
– Hay que recordarle a la gente que nadie se eche pa’trás. Que disparen bala sólo al aire, pero que sí usen el machete, si hace falta. Ni modo.
***
Al mismo tiempo, en una de las casas de Xaghaó se desarrolla la siguiente conversación:
– Nos chingaron esos cabrones ¿Cómo adivinaron que nos íbamos a meter hoy en la madrugada?
– Nos chingaron, y bien. Ya ni modo de llevar los tractores.
– ¿Por qué no? Todavía tenemos tiempo.
– Ya llegó la policía. Y los del gobierno. Si ahora entramos con los tractores van a ver que nosotros estamos provocando y nos joden por invasores.
– Pero los que han estado invadiendo son ellos. Se han estrado metiendo a las cuatrocientas hectáreas desde hace más de cuatro años ¿Por qué no los han sacado?
– No seas bruto, ellos lo han estado haciendo poco a poco y como nadie reclama esos terrenos las autoridades no se han dado cuenta. Seguro ni el gobierno sabe de quién son las tierras. Pero de todos modos las vamos a pelear.
– Pues claro, si ahora nos echamos para atrás nuestra gente es la que nos va a joder.
– Pues hay que meter los tractores de todos modos. Si esas tierras no son para nosotros que no sean pa'nadie.
– ¡Pinche terreno! ... si metemos los tractores nos jodemos ... ¡Pues sólo hay que mandar gente! ¡Pero ya!
– Sí, sí. Es una buena idea. Que se metan caminando ahorita que todavía está oscuro; que lleguen hasta donde están las guardias, hasta donde están los que echaron bala.
– Se fajaron los que dispararon, pero si los del Mezquite siguen caminando seguro se echan a correr. Sí, hay que mandar más gente, pero avisarles que no se peleen ¡Los del Mezquite son cabrones!
– Váyanse pues todos a avisarle a la gente que se meta al terreno, con cuidado.
El que habó al último detiene con un gesto a uno de los que conferenciaban. Cuando se quedan solos el que tomó la iniciativa dice:
– Hace un rato llegaron unos funcionarios del gobierno. Están en mi casa. Quieren hablar con nosotros.
Todo lo platicado fue en ñahnúh. La traducción la hizo otro de nosotros.
***
Poca a poco al cielo lo abandona la oscuridad, por el este, frente a los carro de la policía. Un azul, cada vez más lechoso junto al horizonte, va subiendo poco a poco, haciendo palidecer a las estrellas menos brillantes. Los mandos gubernamentales traen binoculares, pero a la escasa luz que aumenta tan despacio son inútiles.
Lentamente los minutos van trayendo hilachas luminosas. El capitán Mendoza se esfuerza por ver qué pasa allá, a lo lejos, en el campo de maíz al que sólo se le ha hecho una escarda. Nolasco le dice:
– No te esfuerces. Hay que dar tiempo a que aumente la luz.
– ¿Y si apenas se ve un poco se agarran a balazos allá abajo?
– ¿Qué chingados quieres que hagamos? ¡Que se maten los cabrones! Luego los enterramos y apaciguamos a la gente. O metemos a la cárcel a los que queden.
– ¡Mira tú! A ti fue al que más le encargaron que no hubiera problemas ¡Que no dejáramos que al gobernador se le armara un lío grande!
– Pues sí, pero si se agarran a balazos ni modo que nos metamos en medio ... y si nos metemos antes de tiempo, a nosotros es a los que nos agarran a balazos los dos bandos.
– Al menos ya estamos hablando con los cabecillas de Xaghaó. Los del Mezquite cubrieron sus espaldas. Pusieron barricadas en la trocha que va a su pueblo.
***
La luz ya es suficiente para ver lo que pasa en el campo en disputa: los representantes gubernamentales ven del lado norte la larga fila de lo que fueron las hogueras. Uniendo esos puntos hay una línea de campesinos; algunos se mueven lentamente de unos rescoldos a otros. Tras ellos, unos metros más al norte se forman grupos de mujeres, y niños entre los doce o catorce años. Un muchacho de unos trece años, en un burro, se adivina que viene del pueblo del Mezquite que está más al norte; baja despacio. A unos cincuenta pasos hacia el sur, del lado derecho de los observadores gubernamentales, se ve otra línea, no tan definida, formada por grupos de indígenas, presumiblemente de Xaghaó; quienes forman estos grupos están mucho más inquietos que los ñahñúhs que tienen enfrente. Nolasco, el capitán Mendoza y sus subordinados empiezan a tranquilizarse. No parece que vaya a haber enfrentamientos, al menos por lo pronto. Seguro que habrá tiempo para platicar con los cabecillas de Xaghaó y hacer contacto, ahora que ya hay luz, también con los del Mezquite.
Entrada la mañana los delegados del gobierno tendrán más clara la situación. Nosotros tendremos que esperar otros ocho días.

jueves, 19 de agosto de 2010

De cómo las historias trucadas se van completando, II

Una línea de antorchas que apenas arden avanza lentamente por un sembradío de maíz, cuyas matas están muy pequeñas todavía. Aproximadamente cada veinte pasos se ve avanzar una llama. Podemos calcular fácilmente más de doscientas.
No hay luna, la noche es muy oscura. De pronto se escucha un balazo por el rumbo en que avanza la línea. Quienes portan las antorchas se detienen. Algunos bajan la llama, la ocultan entre el maíz que apenas levantan unos cincuenta centímetros del suelo. Son las menos las luces que descienden y poco a poco vuelven a subir todas. Se oyen gritos a lo largo de toda la línea. Si ponemos atención notaremos que son nombres propios. Parece ser que la bala no fue dirigida contra nadie, los portadores de las antorchas están completos. Tres o cuatro minutos después en un extremo de la línea se levanta una antorcha muy luminosa y se agita ampliamente. Las llamas retoman el avance que habían detenido. Progresan con lentitud manteniendo la formación. Cuando han adelantado unos diez pasos vuelven a oírse frente a la línea dos o tres balazos. Nuevamente se detiene la marcha y se escuchan los nombres de los portadores. Del extremo de la línea donde hace poco se agitó la antorcha sube un cohete. Vemos su destello y segundos después escuchamos la detonación. Aunque la oscuridad es mucha podemos notar movimiento en torno a cada antorcha de la línea. También escuchamos algunos balazos de diversos calibres en diferentes puntos de la misma. No pudimos cuantificarlos, pero calculamos que serían cinco o seis.
Sabemos que en torno de cada antorcha se están doblando las matas del maíz cultivado con tanto amor por lo ejidatarios del Mezquite. Las luces más cercanas nos permiten adivinar sombras que se mueven con rapidez. Poco a poco surgen pequeñas fogatas donde antes solamente había antorchas moribundas. Cuando la lumbre levanta, las sombras salen del círculo de luz y se escucha tras cada pequeña hoguera un fuerte griterío. Hay voces de hombres, mujeres y niños. La algarabía crece conforme se encienden más lumbreras. Poco a poco los gritos se unifican. Están en ñahñúh. Alguien de nosotros logra traducir el vocerío: “Somos del Mezquite ... nadie pasará” dice más o menos el grito que ya se distingue brotando desde atrás de cada una de las fogatas. De vez en cuando en algunos fuegos avanzan sombras que reflejan las llamas de las hogueras en los machetes que portan. Pero a cada indígena que se adelanta lo detienen las voces de quienes están en la oscuridad y lo obligan a regresar. Algunos de los que avanzan dejan adivinar que portan armas largas. Nosotros sabemos que no pasarán de escopetas de caza que todavía se cargan con baqueta y se disparan con chispa.
Dos o tres horas después oímos sirenas de carros de policía y vemos luces de automóvil avanzando por el camino de terracería que conduce al ejido de Xaghaó. Son muchas patrullas. Sus torretas se ven a la distancia: luces rojas y azules alternadas, centellando. Los faros de las que vienen atrás iluminan claramente la polvareda que levantan las que ruedan delante. Notamos que allá, a la distancia, se están colocando en alguna loma que no está cultivada. No parece que nadie baje de los carros o si lo hacen no caminan al frente: los faros de todas las patrullas están encendidos y no alumbran a nadie.
Poco a poco los gritos de los comuneros y ejidatarios del Mezquite se han ido apagando, pero no las fogatas que algunas sombras siguen alimentando con regularidad. Frente a la línea que avanzaba al inicio de nuestro relato no se nota movimiento, pero sabemos que en la sombra están apostados los ejidatarios de Xaghaó. Ellos fueron los que hicieron los primeros disparos al aire.
Tendremos que esperar en este amanecer aún lejano, viendo solamente como arden acá las lumbreras y cómo siguen alumbrando allá las luces de la policía. Veremos si con la alborada podemos saber qué está pasando.

jueves, 12 de agosto de 2010

De cómo las historias trucadas se van completando, I

Releyendo historias que escribimos hace tiempo, nos encontramos el siguiente fragmento de una narración:
“Son un poco más de las diez de la mañana. El sol calienta ya la tierra de los caminos polvorientos que ejidatarios y comuneros recorren para ir a sus parcelas. Hace apenas cuatro años esas tierras producían únicamente cardones. Brotaban también una que otra cactácea o agave de menor tamaño. Donde los comuneros trabajaban más dura y constantemente había hileras de magueyes pulqueros. Las piedras de cal arrancadas del cerro y cocidas en hornos caseros para obtener la cal del nixtamal, el ixtle de lechuguilla traído de las faldas de los cerros, convertido en artesanías diversas por las manos mágicas de las mujeres, y el pulque que daban los magueyes, eran los únicos ingresos de los indígenas del Mezquite.
Unos pequeños rebaños de cabras criollas y exiguas cosechas de frijol y maíz logradas cada cuatro o cinco años en que había lluvias, mejoraban de vez en cuando su situación. Pero sus luchas ya han conseguido que las agua negras del Distrito Federal lleguen a sus parcelas. Ahora sus tierras lucen el verdes tierno de maíz naciente, pero los caminos al interior de los bienes comunales, cuya integridad hoy defenderán con garras y dientes, siguen siendo los viejos senderos polvorientos y pedregosos bordeados de pequeños cactos, o de grandes magueyes en el mejor de los casos, pero todavía sin árboles en cuya sombra se pueda descansar del agobio del sol.
Las tierras cuyo usufructo ha tenido Anastasio son un poco más de una hectárea. Están resecas y barbechadas desde hace un año. No ha llovido y para no reconocer a la comunidad Anastasio no ha querido usar el riego que el comisariado y la asamblea le han ofrecido varias veces. La vivienda está en un rincón de la parcela que colindan al sur con el nuevo ejido del Mezquite, también conquistado hace apenas unos ocho o diez años con muchos peligros y sacrificio, para los hijos de los indígenas que ya no alcanzaron parcela en los terrenos comunales.
Por los senderos comunales se aproximan más de doscientos indígenas. Vienen en pequeños grupos dispersos. Marchan serios y concentrados. Saben a lo que se enfrentan. No tienen miedo pero lo que van a hacer no es alegre. Mucho tiene de funeral; mucho de lucha sorda donde habrá heridos; mucho de batalla definitiva por preservar lo más preciado: la propiedad colectiva de la tierra.
Lo que va a pasar en menos de una hora lo terminaremos de narrar más tarde.”
Ahí termina el fragmento, la narración completa del episodio, empezando por la entrada que aparece más abajo, está aquí, pero a nosotros nos ha llamado la atención lo que está escrito en negritas (el subrayado es nuestro) ¿Cuáles son las luchas con las que los comuneros del Mezquite consiguieron el riego? ¿Cuáles los peligros y sacrificios que pasaron para conquistar una ejido para sus hijos? Nadie nos ha narrado nada de eso hasta ahora, pero ya encontramos quien lo haga dentro de ocho días.

jueves, 29 de octubre de 2009

El Mezquite, Cardonal Hidalgo IV (1985 + -)

La morada de Anastasio Yeso está vacía. Desde hace dos días ni él ni su hija se ven por la casa, que consiste en un solo cuarto con paredes de adobe y techo de láminas de cartón. Adosada a la pared del lado oriente, una enramada con paredes de carrizo cobija al fogón que ya no se usa. Desde que murió la esposa de Anastasio, hace unos siete años, la familia acostumbra comer en otros lados. Cuando el hijo mayor vivía con Anastasio a veces calentaba algún alimento es ese rincón. Ahora que Yeso vive solo con su hija de 17 años, comen en San Antonio Sabanillas. Padre e hija únicamente llegan a dormir y no siempre. Ayer aún Anastasio sabía que mientras habitara en su parcela y la trabajara los comuneros la respetarían. Hasta el diputado, que no es ni indio ni comunero, aseguraba que nadie le quitaría la posesión de la tierra en tanto la trabajara. Con todo, la quería escriturar como propiedad privada.
Son aproximadamente las once de la mañana. El sol ya quema implacable en esa mañana de semidesierto. Doscientos ñahñúhs y un mestizo aguardan en absoluto silencio; el Profe no sabe bien qué esperan. De pronto Teódulo, el comisariado de los bienes comunales y el que propuso lo que todos acordaron, se adelanta decidido. De un golpe de zapapico derriba la puerta y entra seguido por el delegado municipal y el resto de autoridades ejidales y comunales. Sin dudarlo el Profe también accede; es el único que entra sin ser autoridad en el pueblo. El silencio sigue, absoluto. El delegado municipal busca documentos o artículos de valor, asistido por los presidentes de los comités de vigilancia. El secretario del comisariado apunta en una libreta el resultado de la búsqueda: no hay nada de valor, solamente ropa vieja, trastos en mal estado, una mesa y dos silla deterioradas y dos petates sobre el suelo de tierra. Finalmente se intercambian unas pocas palabras en ñahñúh. El Profe adivina: certifican que no hay nada de valor. Se firma el acta y todo vuelve a la quietud en la penumbra del cuarto. Nuevamente Teódulo, en medio de un silencio impresionante, empuña el pico y da un golpe seco en el punto que ha considerado la clave de la casa. Se acaba la inmovilidad. Los asistentes, estén dentro o fuera de la vivienda acuden a recibir las partes de la casa que otros derriban. Sólo se habla en murmullos, aunque el estruendo de los golpes y de la techumbre que se desploma poco a poco en manos de los indígenas es grande. El Profe solicita una herramienta para colaborar, pero el secretario del comisariado ejidal le dice, seco: te invitamos nomás como testigo; déjale así. El diputado entiende las razones de lo dicho. Por su fuero constitucional sería muy difícil que lo alcanzaran sanciones penales. No se trata pues de protegerlo: el respeto a la autonomía ejidal es lo que ahora importa; son los dueños los que están defendiendo su propiedad colectiva, no aceptan intromisiones.

-Venga a la casa a tomarse un pulque -invita Teódulo al Profe escasos quince minutos más tarde.
De la casa ya no queda nada en pie. El presidente del comisariado está tranquilo. La responsabilidad directa de haber derribado una vivienda no parece haberlo alterado. Sin embargo el diputado lo nota triste, aunque el rostro del indio sonría al terminar la invitación.
Dos horas después, cuando el Profe se retira del poblado ve dos tractores arando la parcela de Anastasio. Ya le contaron que todo fue sepultado en una zanja y dentro de unos días el maíz comunal empezará a despuntar gracias al riego de aguas negras que vienen de Distrito Federal.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El Mezquite, Cardonal Hidalgo III (1985 + -)

La comisión llegó a casa del diputado como a las 9 de la mañana.
-Profe, la asamblea acordó expulsar a Anastasio de la comunidad. De aquí nos vamos para allá y a las once tumbamos su casa. Venimos por usted para que nos ayude.
No vimos ni sorpresa ni duda en el rostro del Profe. Tampoco ira ni desconcierto.
-Y ¿por qué van a hacer eso?- preguntó simplemente.
Le explicaron lo que nosotros ya sabemos (está aquí y acá): Anastasio logró que en la madrugada los judiciales se llevaran a Leobardo a la cárcel acusado de encabezar una violación tumultuaria.
-Ya nos cansó. Ejidatarios y comuneros hicimos asamblea y acordamos correr a Anastasio y tirar su casa. No va a destruir los bienes comunales- con eso la comisión terminó su hablar.
-Vamos- fue lo único que dijo el Profe.
***
Son poco más de las diez de la mañana. El sol requema ya la tierra de los caminos polvorientos que ejidatarios y comuneros recorren para ir a sus parcelas. Hace apenas cuatro años esas tierras semidesérticas producían únicamente cardones. Brotaban también una que otra cactácea o agave de menor tamaño. Donde los comuneros trabajaban más ardua y constantemente había hileras de magueyes pulqueros. Las piedras calizas arrancadas al cerro y cocidas en hornos primitivos para obtener la cal del nixtamal, el ixtle de lechuguilla traído de las faldas de los cerros, convertido en artesanías por las manos mágicas de las mujeres, y el pulque que daban los magueyes, eran los únicos ingresos de los indígeneas del Mezquite.
Unos pequeños rebaños de cabras criollas y exiguas cosechas de frijol y maíz logradas cada cuatro o cinco años en que había lluvias, mejoraban de vez en cuando su situación. Pero sus luchas ya han conseguido que las aguas negras del Distrito Federal lleguen a sus parcelas. Ahora sus tierras lucen el verde tierno del maíz naciente, pero los caminos al interior de los bienes comunales, cuya integridad hoy defenderán con garras y dientes, siguen siendo los viejos senderos porvorientos y pedregosos bordeados de pequeños cactos, o de grandes magueyes en el mejor de los casos, pero todavía sin árboles en cuya sombra se pueda descansar del agobio del sol.
Las tierras cuyo usufructuo ha tenido Anastasio son un poco más de una hectárea. Están resecas y barbechadas desde hace un año. No ha llovido y para no reconocer a la comunidad Anastasio no ha querido usar el riego que el comisariado y la asamblea le han ofrecido varias veces. La vivienda está en un rincón de la parcela que colinda al sur con el nuevo ejido del Mezquite, también conquistado hace apenas ocho o diez años con muchos peligros y sacrificios, para los hijos de los indígenas que ya no alcanzaron parcela en los terrenos comunales.
Por los senderos se aproximan más de doscientos indígenas. Vienen en pequeños grupos dispersos. Marchan serios y concentrados. Saben a lo que se enfrentan. No tienen miedo, pero lo que van a hacer no es alegre. Mucho tiene de funeral; mucho de lucha sorda donde habrá heridos; mucho de batalla definitiva por preservar lo más preciado: la propiedad colectiva de la tierra.
Lo que va a pasar en una hora lo terminaremos de contar más tarde.

jueves, 6 de agosto de 2009

El Mezquite, Cardonal Hidalgo II (1985 + -)

Es algo más que murmullo lo que se oye en el salón.
De pronto, en voz muy alta:
- Ahí vienen.
-Ya llegaron.
-Son ellos ...
Al entrar los que llegan el alboroto se hace murmullo, el murmullo susurros, los susurros silencio.
-Lo tienen preso dizque porque dirigió y participó en una violación masiva de la hija de Anastasio.
El silencio se transforma en el retumbar de piedras que ruedan cada vez más rápido y en tumulto creciente.
La ira se percibe como una tromba sobre árboles secos.
Ramón espera callado que el alboroto disminuya. Junto a él, de pie, serio y en silencio, también espera Teódulo, el comisariado de los bienes comunales. A la izquierda de ambos está la silla vacía de Leobardo.
El mutismo de los que presiden se impone.
-Máximo, explicanos bien lo qué pasa -dice Ramón.
Hablando en su lengua natal Máximo explica claramente la situación. Sólo cinco minutos. Después preguntas y respuestas. Todo en ñahñúh.
Al final la situación está clara: en su afán por que la comunidad permita que Anastasio Luna , viejo y originario comunero, escriture como propiedad privada la parcela que usufructúa, el mismo Anastasio ha tramado una acusación falsa contra todo el pueblo y su principal dirigente, en conivencia con un tal licenciado Saucedo, que obligue al pueblo a negociar con él.
La discusión se alarga más de media hora pero la conclusión es clara: Es tiempo de expulsar definitivamente a Anastasio de la comunidad. No le hace que el profe siempre lo haya defendido.
Falta decidir cómo expulsarlo. Es Teódulo Piedra quien con su propuesta abre un camino: "Hoy mismo debemos tirar su casa y sembrar nosotros su parcela."
El punto se debate largamente. Se analizan pros y contras. Por fin se decide: "A las once de la mañana todos en casa de Anastasio."
Se nombra también una comisión para que avisen al Profe, quien por caminos muy extraños llegó a ser diputado local de oposición y casi cada ocho días, o al menos cada mes, asiste a las reuniones regulares de la comunidad.

jueves, 23 de julio de 2009

El Mezquite, Cardonal Hidalgo (1985 + -)

-Antonio. Antonio. ¡Antonio! Hay mucho ruido en casa de Leobardo. Asómate a ver qué pasa.
-Se estará peleando con María.
-Son voces de hombre. Despiértate bien. Algo pasa.
-Está re'oscuro. No me vengas con que Leobardo está saliendo a quebrar magueyes que no tiene.
-¡Qué te despiertes! Oye bien. Se están peleando.
-De veras ¡Carajo! Se están peleando. Son puros cabrones.
-Primero vístete, Antonio. Está fresco afuera.
-Tú no te levantes . Acuéstate ¡Que te acuestes! Yo voy solo.
-No me empujes.
-Ya cálmate, Juana. El relajo está muy feo. Hartos están hablando y gritando. Hay mucho ruido. 'Horita vengo.

Son como las cuatro de la mañana. No hay luna. Antonio siente que gran número de vecinos van rápido hacia la casa de Leobardo. Oye que un automóvil arranca. De pronto se encienden las luces de otros tres vehículos que también arrancan y parten levantando polvaredas.
Rummm, ruuuuuumm, rum.
A la luz de los faros del último coche alcanza a ver sombras persiguiendo a los automóviles que huyen. Algunas siluetas se recortan contra las nubes de polvo iluminadas por las calaveras de los autos. Antonio cree ver tres o cuatro fantasmas arrojando piedras con furia.
Crash, crash, crash.
Ruuuum.
Los automóviles se pierden en la distancia.
-Pinches judiciales, hijos de la chingada ¡se llevaron a Leobardo!
-¡Máximo, ven! Hay que ver a dónde lo llevan.
-Sólo vayan ustedes dos. Los de más, hay que llamar a junta.
-Doña Mari ¿qué fue lo que pasó?
-Pos no sé bien, sólo entraron los judiciales y sacaron a Leobardo a jalones. Casi tumban la puerta. Se defendió bien, pero eran muchos.
***
Escasos quince minutos después el aula más grande de la escuela está totalmente llena.
-Lo único que sabemos es que los judiciales se llevaron al comisariado
-Máximo y Ambrosio y alguien más se fueron a Ixmiquilpan.
-También iban Pedro y Emeterio. Pero sabe si a Leobardo se lo habrán llevado a otro lado.
-Uno de los judiciales es al que le dicen "el Sapo". Yo lo vi bien.
-Cálmense, compañeros, hay que esperar a los que fueron para saber qué pasó.
-No doña Leoncia, hay que ir todos a buscarlo.
-Dejen que hable Ramón, para algo lo nombramos delegado.
-Hay que esperar aquí reunidos a que vengan Máximo y Emeterio.
Minutos después eso fue lo que se decidió.